El campus de la Espol revela su pasado ancestral: un espacio donde vivieron culturas costeñas con técnicas innovadoras

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Un reciente estudio arqueológico realizado en el Campus Gustavo Galindo Velasco de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) confirma que este espacio universitario no solo es un centro de ciencia y tecnología, sino también un territorio donde habitaron importantes culturas prehispánicas de la Costa ecuatoriana. 

Esto lo confirma una investigación realizada por docentes e investigadores de la carrera de Arqueología de la Institución. La investigación consistió en una prospección arqueológica desarrollada en distintas áreas del campus, con el objetivo de identificar sitios prehispánicos que no habían sido registrados previamente en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural del Ecuador. Este trabajo busca proteger y salvaguardar el patrimonio cultural, además de abrir nuevas posibilidades de investigación académica. 

 

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Durante los recorridos de campo, el equipo investigador, conformado por los profesores de la carrera de Arqueología Diana Cotapo, Alvaro Mora, Andrés Mosquera, el investigador Guilherme Mongeló quien también fuera profesor de la carrera y la graduada Andrea Vargas, identificó diez sitios arqueológicos dentro y en los alrededores del campus, varios de ellos con una alta concentración de material cultural en superficie. Los hallazgos evidencian una ocupación humana prehispánica tardía, asociada principalmente a las culturas Milagro-Quevedo y Guancavilca, correspondientes al periodo de Integración. 

Uno de los sitios más relevantes es el denominado Bosque de los Sueños, donde se realizaron búsquedas iniciales que permitieron analizar fragmentos de cerámica correspondientes a platos, ollas, cuencos y jarros. Estos objetos estuvieron vinculados a la vida cotidiana, como la cocción, el almacenamiento y el consumo de alimentos. Además, la presencia de torteros (objeto utilizado para hilar) sugiere que en este espacio también se desarrollaron prácticas textiles. 

 

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El estudio también identificó restos arqueobotánicos, principalmente de maíz, junto con evidencias de yuca, bijao y platanillo, lo que confirma la existencia de una agricultura diversificada. Estos datos muestran que las poblaciones que habitaron el área del actual campus contaban con una economía agrícola sólida, capaz de sostener comunidades relativamente densas. 

Otro hallazgo clave es el uso estratégico de zonas elevadas, como los cerros cercanos y el Bosque Protector Prosperina, que habrían servido como espacios habitacionales. Estas áreas ofrecían ventajas frente a las inundaciones estacionales y facilitaban el control de rutas de movilidad, así como el desarrollo de actividades agrícolas y domésticas. 

La importancia de este estudio radica en que amplía el conocimiento sobre la ocupación prehispánica de Guayaquil, una ciudad donde gran parte del patrimonio arqueológico ha sido afectado por la urbanización acelerada. Al incorporar nuevos sitios en los registros oficiales, la investigación contribuye directamente a la protección del patrimonio cultural y aporta información clave para la planificación territorial y la gestión universitaria. 

Los resultados refuerzan la idea de que el campus de la ESPOL formó parte de un paisaje social dinámico, donde el intercambio de bienes, conocimientos y prácticas culturales fue fundamental. Hoy, este espacio universitario se consolida también como un lugar de memoria, que evidencia que en sus terrenos vivieron y se desarrollaron culturas costeñas que forman parte de la historia profunda de Guayaquil y del Ecuador.